Ibiza & Formentera,  restaurantes

El Bigotes: Tan auténtico como imprescindible

No hay carta, ni falta que le hace, su plato estrella desde 1969, cuando Juan Ferrer abrió el restaurante, se sirve cada día a las 14h, seguido de un delicioso arroz a banda.

El Bigotes: Tan auténtico como imprescindible. Es uno de los enclaves preferidos de los locales y el secreto ha sido imposible de guardar, pues las reservas se multiplican en verano haciendo imposible poder disfrutar de su famoso bullit de peix de un día para otro –no digas que no te avisamos–.

El templo del bullit de peix en Ibiza tiene un nombre difícil de olvidar: ‘El Bigotes’, un chiringuito anclado en la bella cala de Mastella y que, desde 1969, sirve este popular plato de pescadores elaborado sobre las brasas y convertido hoy en toda una institución para turistas y locales. Imprescindible reservar con tiempo.

El sitio no puede ser más auténtico: un modesto chamizo con mesas y sillas de madera pegado a la pared del acantilado que perfila una pequeña cala de aguas cristalinas. No se necesitan lujos en un lugar tan idílico. En frente, siete casas de pescadores, aún en uso, y un lläut amarrado al muelle de nombre Gavita. El origen de todo.

El Bigotes: Tan auténtico como imprescindible. El lujo de ver traer el pescado fresco en el barco, el trato familiar y el maravilloso entorno de Cala Mastella hacen de este Solete uno de los chiringuitos más auténticos (y deseados) de Ibiza.

“Joan Ferrer, mi abuelo, salía a pescar con los amigos en este barco y luego cocinaban los pescados al fuego. Era una época en la que los turistas empezaban a llegar a la isla. Lo veían y él les invitaba a comer. Se corrió rápidamente la voz y mi abuelo decidió montar el restaurante”, explica Mónica, su nieta, que hoy dirige junto a su madre, Ana -la tercera de las cuatro hijas de Joan-, este negocio familiar. Joan, con sus 92 años, aún se deja ver los fines de semana por el restaurante con su porrón de vino payés y el característico bigote que da fama al lugar.

A las 12:45 horas Julio enciende las brasas sobre la leña de pino que recogen del entorno. Hoy tienen previsto servir 60 raciones y en una gran cazuela de hierro, ya sobre el fuego, comienza a elaborar un sofrito con cebolla y tomate.

“Cuando está bastante frito, echamos patata -hoy entre 15 y 20 kilos- y un poco de caldo de pescado del día anterior para que se empape bien y coja sabor. Reducimos y añadimos agua para que hierva”, detalla Julio, pareja de Ana, que también anima a probar el pescado a la plancha que sirven a las 11:30 horas, antes del caldero, para quienes quieren almorzar temprano.

Los primeros comensales toman asiento atraídos por los aromas del guiso y el espectáculo de ver toda la elaboración en vivo. Hasta las 14:00 horas no comienza el servicio. Con una cerveza fría, unas olivas y un buen alioli, la espera con las vistas de la cala forma parte de la experiencia.

Hay días que durante la espera, se ver llegar a Dani en el barco, el pescador que trae todo el pescado de roca que protagoniza el famoso guiso: corvinas, rayas, meros, rapes… Del mar a la cazuela, literalmente. No lo pesan, todo va medido por barreños, y Julio ya va por el tercero. Varios paquetes de arroz La Fallera esperan junto a la olla para preparar el segundo pase del menú. Hoy echan cuatro kilos, un poco de colorante, pimienta blanca y a hervir.

De postre, sirven el típico flaò -elaborado al horno con huevos, queso de cabra, menta y hierbabuena- y un café caleta que queman durante una hora en el mismo fuego con brandy, canela, azúcar y piel de limón. Ya la sobremesa es cosa de cada uno, pero la cala invita a detener el reloj y vivir la auténtica esencia ibicenca tumbado al sol.


El Bigotes: Tan auténtico como imprescindible. Por Bernd Eldelbar

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